El virus de la inmunodeficiencia felina, también conocido por sus siglas en inglés como FIV, fue aislado por primera vez en 1968 durante el transcurso de una epidemia en gatos, que presentaban signos clínicos similares a los del SIDA humano (VIH). Aunque FIV y VIH son virus muy similares y pertenecientes a la misma familia de los Retrovirus, ambos son específicos de especie; es decir, no hay riesgo de infección para personas en contacto con gatos positivos a FIV, ni riesgo para gatos en contacto con personas VIH positivas.

Este virus de RNA, pertenece al grupo de los lentivirus, nombre adoptado por ser asociada su infección a largos períodos de incubación.

Sabemos que este virus felino se propaga con mayor facilidad en zonas con alta densidad de gatos. Se ha visto que son más susceptibles de infectarse los adultos enfermos, machos sin castrar y aquellos gatos que pasan gran cantidad de tiempo en el exterior, asilvestrados y vagabundos.

La inmunodeficiencia vírica felina es una infección crónica en el que el virus ataca directamente, alterando o destruyendo, las células del sistema inmunológico (leucocitos y sus diferentes tipos). Esto acarrea un deterioro progresivo de la función inmunológica del gato, llegando a provocar un estado de inmunosupresión, lo que supone dejar al animal sin defensas frente a cualquier tipo de enfermedad por simple que sea. De hecho, infecciones o enfermedades menos importantes, como un simple catarro, podría derivar en procesos más graves, e incluso la muerte.

 

¿Cómo se transmite o contagia el sida de los gatos?

 Se tiene constancia de que el FIV se transmite principalmente a través de mordeduras. La saliva de un gato infectado suele tener una importante carga viral, y un solo mordisco puede ser origen de la transmisión de la enfermedad.

 Al contrario que la enfermedad en humanos, se cree que la transmisión de la inmunodeficiencia vírica en gatos vía sexual no es significativa. Hay que tener cuidado, porque sí podría haber transmisión en grupos de gatos que vivan en el mismo hogar a la hora del acicalamiento entre ellos, siempre que haya algún miembro infectado. Sería recomendable, a su vez, no compartir comederos ni bebederos con animales infectados.

Se estima que las gatas gestantes infectadas por el FIV pueden transmitir la enfermedad a sus cachorros durante la gestación o a través de la leche materna en un 25-30% de los casos.

Tampoco se ha podido comprobar que los parásitos hematófagos (pulgas, garrapatas…) pueden actuar como medio de transmisión de esta enfermedad.

Si eres propietario de un gato casero que siempre ha estado en casa y previamente te has asegurado mediante pruebas serológicas que no está infectado, no tienes por qué preocuparte. Si, por el contrario, no está castrado y sale por las noches, lo mejor es que le hagas un análisis de sangre para comprobar que todo esté bien. Hay que recordar que los gatos son territoriales lo que puede ocasionar alguna que otra pelea con mordiscos en alguna de sus salidas nocturnas.

 

¿Cuáles son los síntomas del “sida felino”?

 Un gato infectado con FIV puede vivir años sin que presente ningún síntoma característico o hasta que se le pueda detectar la enfermedad, ya que estamos hablando de una infección que suele tener una fase latente o asintomática larga.

Sin embargo, cuando la destrucción leucocitos, entre ellos los linfocitos-T, empiece a mermar la capacidad del sistema inmunitario del animal, pequeñas bacterias y virus a los que nuestras mascotas se enfrentan a diario y sin problema alguno, empezarán a causarle verdaderos problemas en su salud y es entonces cuando los primeros síntomas aparecerán.

Los síntomas más comunes y muy inespecíficos que pueden aparecer meses después de la infección son los siguientes:

  • Fiebre
  • Disminución del apetito
  • Pelaje sin brillo
  • Gingivitis/ estomatitis
  • Ganglios linfáticos aumentados de tamaño
  • Conjuntivitis
  • Pérdida de peso progresiva

  Por lo general, el principal signo de un gato infectado con FIV es la aparición de otras alteraciones concurrentes que pueden afectar a diferentes órganos y sistemas, como pueden ser rinitis, diarreas, glomerulonefritis que provocan insuficiencia renal, etc.

De este modo, se hace importante vigilar la aparición repentina de enfermedades comunes o problemas de salud que parezcan poco importantes, porque tenderán a ser crónicos o recurrentes.

El veterinario tendrá en cuenta todos estos signos que presente el gato, así como su historia clínica.

 

¿Cómo diagnosticamos esta enfermedad?

 Para verificar el diagnóstico de inmunodeficiencia felina se debe recurrir a la realización de pruebas serológicas que detectarán la presencia de anticuerpos específicos contra el FIV. Como ocurre en la mayoría de los test diagnósticos, no se llega a una exactitud en los resultados del 100%, pudiendo aparecer algunos casos de falsos negativos (en períodos muy incipientes de la infección o en casos de inmunosupresión muy marcada), o falsos positivos (cachorros de madres infectadas, en los que la madre transmite los anticuerpos durante la gestación o durante la lactancia, a través de la leche materna). En ambos casos, el veterinario convendrá en repetir los test, transcurrido el tiempo oportuno.

También existen pruebas tipo PCR, pero no se ha visto que mejoren la eficacia de los resultados de las pruebas que detectan anticuerpos.

 

¿Cuál es el tratamiento para gatos con inmunodeficiencia?

 Al no existir, hoy en día, una vacuna que pueda prevenir la infección por FIV o disminuir sus efectos, el tratamiento ha de ir encaminado a la estabilización del paciente, tratando de trabajar en el fortalecimiento de sus defensas y el sistema inmune para que pueda llevar un buen nivel de vida el mayor tiempo posible.

Conviene recordar que para prevenir que tu gato se pueda infectar con el virus de la inmunodeficiencia felina, deberás controlar sus salidas, con el fin de evitar posibles peleas y mordeduras con gatos callejeros o de dudosa procedencia, que pudieran estar infectados. Una buena medida para hacer disminuir estos comportamientos es la esterilización del animal.

A su vez, es primordial llevar un buen control sanitario periódico a través de su veterinario, acompañado de una alimentación equilibrada y segura, un buen calendario de desparasitación y un buen plan de vacunación tratando de evitar vacunas “vivas” o “atenuadas”.

Existen fármacos antimicrobianos que pueden ayudar a controlar las infecciones o bacterias que puedan atacar al animal debido a sus bajas defensas. Debemos de tener en cuenta que estos tratamientos pueden llegar a ser más prolongados, debido a la inmunodepresión que presentan los gatos infectados.

Otra opción son los antinflamatorios, los cuales pueden ayudar al control de otras patologías derivadas, como puede ser la gingivitis y/o estomatitis.

 

No hay ningún tratamiento que actúe directa y específicamente sobre el FIV.

Se han hecho estudios con antivirales utilizados en el SIDA humano, pero los resultados han sido inciertos. Otro antiviral, el interferón felino, se ha empleado con resultados prometedores, pero sin que haya estudios científicos completos que respalden su efectividad.

 

¿Cuál es la esperanza de vida de un gato infectado con FIV?

 

  Es importante tener en cuenta que la esperanza de vida de un gato con dicha enfermedad no se puede predecir a ciencia cierta, todo dependerá de cómo responda su sistema inmunitario al ataque de enfermedades oportunistas y de los cuidados que se le administren como hemos mencionado anteriormente.

Es cierto que un diagnóstico temprano de la enfermedad puede suponer un largo período inicial asintomático, y el mantenimiento de las normas y consejos antes descritos en este artículo, ayudarán a prolongar una óptima calidad de vida en nuestra mascota.

 

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